miércoles, 28 de diciembre de 2011

HOY ES TIEMPO DE...

Hoy es tiempo de mirarme en tus ojos y calmar mis nervios.

Hoy es tiempo de sumergirme entre tus brazos y olvidar el dolor.

Hoy es tiempo de levantarme del suelo aunque mis piernas tiemblen y mi cuerpo no tenga fuerzas suficientes.

Hoy es tiempo de sonreír aunque las sonrisas se escondan y no quieran salir.

Hoy es tiempo de seguir soñando y luchando para que los sueños se hagan realidad.

Hoy es tiempo de seguir escribiendo nuevas líneas que se vayan acumulando, formando las letras de mi vida, porque escribir es lo único que soy.

Hoy es tiempo de mirar a las estrellas, al sol, a la luna, y recordar lo grandes que pueden ser las cosas sencillas.

Hoy es tiempo de colocar en las estanterías nuevas esos libros que hablan de luchas pronunciadas para tener presente siempre de dónde vengo y a dónde quiero ir.

Hoy es tiempo de recordar ensoñaciones recientes venidas del más allá para no olvidar que hay quien me ha prometido que va a estar eternamente conmigo.

Hoy es tiempo de seguir caminando y avanzando para seguir creciendo.

Hoy es tiempo de pronunciar palabras sin miedo a decir “HASTA LUEGO”.

Hoy es tiempo de morir sabiendo que a veces es más que necesario para sentirse vivo otra vez.

Hoy es tiempo de sobrevivir sin desaprovechar mis días.

Hoy es tiempo de exprimir el amor, la naturaleza, los sueños, las letras, las ensoñaciones, las sonrisas, las promesas, las ilusiones, los recuerdos…

Hoy es tiempo de avanzar, de seguir en pie, de VIVIR…

Ahora es MI tiempo…

viernes, 16 de diciembre de 2011

ADULTERANDO LA REALIDAD

Sucede que a veces la única manera de sobrevivir, es adulterando la realidad.

Intentar vivir la vida de otras personas a través de los libros que otros han escrito porque tú eres incapaz de escribir una sola línea de los tuyos, intentar sumergirte en los mundos de series televisivas para no pensar, intentar hacer tuya esa melodía que tanto te gusta y no escuchar nada más, intentar mantener la cabeza distraída elaborando regalos, cartas y postales con la mayor ilusión pensando en sus destinatarios.

Intentar olvidar.

Sin embargo como todas las cosas en la vida, cuando pasan los efectos de las adulteraciones, la realidad regresa con más fuerza que nunca y acaba golpeándote en la cara.

Como una ola salvaje de 10 metros, te abofetea fuertemente haciéndote daño, haciéndote volver…

Y de nuevo te deprimes al vislumbrar lo que te rodea, de nuevo te vienes abajo al sentir que ya nada será igual, al verte dentro de un pozo negro sin fondo en el que has caído y solo el amor te puede rescatar.

Y de nuevo tienes la sensación de querer adulterar la realidad, pero sabes que hay ciertas cosas que ya de nada te servirán.

Por eso te encuentras frente al espejo otra vez, mirándote, intentando reconocerte.

Intentando ahogar tus lágrimas a base de recuerdos. Regresando al presente todo aquello que te hacía reír, todos los buenos momentos que se extinguieron hace tiempo, regresando todas las palabras que te han dicho vía email personas que se preocupan por ti, regresando todos los libros firmados y dedicados, las cartas, los marcapáginas. Regresando viajes y experiencias vividas, regresando recuerdos del pasado al presente.

Intentando caminar y seguir en pie. Intentando vivir, sobrevivir.

De nada sirve huir.

Adulterando la realidad con algo factible, con algo que si ha existido y que sigue existiendo, con algo que permanece.

Así, la espera a que el amor regrese se hará más llevadera.

Así, quizá la realidad se hará más soportable.

Adulterando la realidad sabiendo que esta vez no habrá efectos secundarios, porque el amor, el cariño, la amistad y la amabilidad, únicamente dejan en el corazón efectos beneficiarios.

Sabiendo que esta vez no debes conformarte con dejar la vida pasar, porque ya lo hiciste en el pasado y solo conseguiste tiempo desaprovechado.

Adulterando la realidad a base de realidad, para que luego no duela, para que las heridas no sangren más al regresar.

Sucede que a veces la única manera de sobrevivir, es adulterando la realidad.


jueves, 1 de diciembre de 2011

LAS LUCES DE NAVIDAD

Es inevitable mirar por la ventana y no recordar.

Ahora que la oscuridad comienza a media tarde, me sorprendo a mí misma observando a través del cristal del balcón, los salones de los edificios de enfrente.

Veo como la gente mira la televisión, como hablan entre ellos, como se pierden a través de la pantalla de un ordenador, y me siento distinta. Distinta a otros inviernos. 

El frío ya ha llegado, las lluvias a intervalos aparecen y desaparecen, y al mirar el calendario y darme cuenta de que Diciembre ya está aquí, me es inevitable no recordar.

Recuerdo cuando todo era más fácil, cuando deseaba que llegaran estas fechas y comenzaba a preparar los decorados navideños con la ilusión de una niña. Cuando planeaba qué regalar, cuando creaba relatos para cada miembro de la familia y para los amigos, cuando sonreía ilusionada y llena de expectación con ansias por descubrir sus reacciones al leer o al abrir el paquete del envoltorio, cuando todos juntos brindábamos por un nuevo año y nos atragantábamos al comer apresurados las uvas. 

Ahora mi única ilusión es leer libros para alejarme de la realidad, escribir historias donde las cosas son como yo quiero que sean, ver series o películas junto al hombre de mi vida y no pensar.

Ahora mi única ilusión es mirar mi muñeca Monster High en la estantería y peinar su pelo morado jugando a ser pequeña otra vez pero sabiendo que esos tiempos de entonces jamás van a volver, comer el chocolate de los calendarios de adviento en busca de sorpresas y las chucherías de la bota de Papá Noel de la tienda Belros del Carrefour de mi ciudad. Parezco idiota intentando apaciguar la tristeza con el azúcar del chocolate.

Cuando miro los abetos, las guirnaldas, los belenes, dentro de mí siento que ya no queda nada de esa niña ilusionada.

Este año, cuando camine de la mano de mi amor por las calles de mi ciudad, al abrigo de los portalones cercanos a la Plaza Mayor, mirando los puestos de todos los años, en busca de un gorro peruano para el abuelo, y vea brillar las luces de colores, vea las sonrisas de la gente, dentro de mí navegará un sentimiento de nostalgia profunda.

Llevo semanas pensando en ello intentando hacerme a la idea, intentando buscar la manera de sobrevivir a estas fiestas con entusiasmo.  

Sé que el amor me ayudará a sobrevivir. El amor siempre saca lo mejor de nosotros, siempre es nuestra tabla de salvación.

Sé que el amor me ayudará a sobrevivir en ese momento en el que las luces de la ciudad brillen y las de mi alma quieran apagarse unos momentos, en ese momento en el que la cena se nos indigeste y las lágrimas inunden nuestros ojos, sus sonrisas nos harán sonreír a todos.

Y en el fondo, sé que me haré la fuerte una vez más, y aunque llore también sonreiré, y quizá brinde con cava, quizá coma algún polvorón sin miedo a engordar, y cuando escriba ese primer relato del año en esa casa que me vio crecer, bajo el amparo de las estrellas, pensaré en ese relato publicado dentro de un libro y me sentiré orgullosa de mí misma, sentiré que a escasos metros de allí tras una puerta de mármol negra, habrá dos esencias enérgicas que darán cuerda a mis sonrisas, que me ayudarán a escribir los propósitos para el nuevo año, que me ayudarán a susurrar mis sentimientos para crear las palabras de un nuevo comienzo y me agitarán la sangre dándome fuerzas para seguir peleando. 

Ellos siempre estarán mientras yo pueda verlos. 

Ellos me ayudarán a que las luces de la navidad no me hagan tiritar de frío al reflejarse en el cristal, a que la luz de mi alma no cese en su parpadeo y siga brillando proyectando reflejos en mis pupilas, me ayudarán a saber encontrar la magia que me rodea, me ayudarán a vivir cada instante, a no desperdiciar mis días.
Y junto al amor, me ayudarán a sobrevivir.

Porque el amor verdadero es para siempre y por siempre jamás nos ayudará a levantarnos por muy hondo que caigamos.

Y tengo mucho amor a mi alrededor. Tengo demasiados ángeles volando cerca de mí y no puedo permitirme desaprovechar las sonrisas que me aguardan, la felicidad que me espera, las posibilidades que están ahí esperando a que luche por ellas.

Tengo mucho amor verdadero a mi alrededor, así que brillaré, acabaré brillando como la luz de las luces de la navidad colgadas por las calles de mi ciudad. Brillaré como brillan las estrellas que nunca se apagan. Brillaré como el amor que nunca se evapora.

Brillaré…

Sé que acabaré brillando a pesar de la estela de todas las lágrimas escarchadas que surcarán mi rostro…

Brillaré.


lunes, 21 de noviembre de 2011

EN BUSCA DE LAS ESTRELLAS

Siempre andamos en busca de las estrellas…

Intentamos aferrarnos a ellas con todas nuestras fuerzas porque sabemos que no nos fallarán, que estarán a nuestro lado hasta nuestro último suspiro.

Cuando mi camino es difícil yo me aferro en pensamiento a que aparecerán, tarde o temprano aparecerán, vendrán a mí, se harán escuchar. Y tiemblo un poco menos…

Hay que pasar malos momentos para descubrir todas las estrellas del firmamento que tenemos justo a nuestro lado, a ras del suelo y a ras del cielo. Acariciándonos, hablándonos, susurrándonos, leyéndonos.

Hay caminos peligrosos, arduos, interminables.

El camino más difícil no es aquel que se recorre con los pies, por muy altas que sean las montañas a subir, por muy duras que sean las rocas a esquivar o por muy pesado que se haga el sendero llano después de horas trasegando.

El camino más difícil, el que más agota, es aquel que se hace desde el interior de uno mismo.

Dar un paso tras otro para seguir evolucionando, ahogar la angustia que nos aprieta fuertemente el pecho para ser capaces de gritarles a nuestros miedos que no nos vencerán, silenciar la tristeza y la melancolía de las ausencias que nos impiden respirar con normalidad, pronunciar una sonrisa tras otra aunque a veces se tengan ganas de llorar y no parar…

El camino más difícil es aquel que recorremos cuando estamos heridos.

En esos momentos somos caminantes entre la niebla que con los brazos abiertos agitamos su espesura intentando deshacernos de ella, que huella a huella intentamos hallar un poco de luz al final del camino para que nuestro alma no se acabe por marchitar del todo.

A momentos somos caminantes entre la niebla, todos lo hemos sido alguna vez. Y lo seguiremos siendo pase el tiempo que pase. Siempre aparecerán las tinieblas, aunque se esfumen durante un tiempo, siempre acabarán regresando con su fría tenebrosidad.

Y seremos caminantes en busca de las estrellas. De nuestras estrellas. 

Daremos pasos, nos derrumbaremos y nos volveremos a levantar como guerreros hasta conseguir desenterrar nuestra propia luz. 

La luz de nuestro amor, de nuestras sonrisas preferidas, de las pupilas de las personas a las que queremos, el eco de las voces que nos enseñan el camino de regreso a casa, las caligrafías de dedicatorias que nos hacen sentirnos alguien, las melodías de canciones que siempre nos ayudan a resurgir de las cenizas, los recuerdos de momentos vividos junto a seres queridos que ya no están pero que siempre permanecen en nuestra sangre ayudándonos a ver las cosas con más claridad.

Somos los momentos que vivimos, los pasos que damos, las palabras que decimos o escribimos, los besos y los abrazos que damos, los gestos que pronunciamos.

Somos el conjunto de las estrellas que tenemos. Somos la luz que desprendemos.

Siempre seremos caminantes entre la niebla en busca de estrellas a las que aferrarnos cuando la oscuridad umbría nos abrace.

Que nunca nos falten nuestras…

…estrellas…

Estrellas de la noche.

Estrellas que se esconden tras los rayos del sol y tras las más centelleantes sonrisas.

Estrellas del alma y el pensamiento.

Estrellas de la sangre.

Estrellas…

viernes, 11 de noviembre de 2011

EL POZO DE LAS SOMBRAS

El día amaneció más umbrío que de costumbre. Una de esas amanecidas que bien parecen crepúsculos negros se fue desperezando entre bostezos cubriendo el cielo con su tonalidad gris.
 
Mis ojos se abrieron sin muchas ganas y mi cuerpo reaccionó demasiado lento. Mis músculos perezosos no tenían fuerzas suficientes para saltar de la cama y comenzar una nueva mañana.

Una mañana de esas en las que la angustia aprieta fuertemente el pecho y te impide respirar, en las que la necesidad de abrazos constantes impera sobre todas las cosas, en las que las lágrimas luchan por deslizarse, en las que los miedos son más enérgicos que las ganas de luchar por sobrevivir. 
 
–– ¡Quiero sonreír! - grité con tanto ímpetu que mis cuerdas vocales crujieron al paso de mi voz.

–– ¡Quiero salir de aquí! - pronuncié en alto casi 100 veces intentando creer que realmente podría.

Pero todo fue en vano.

Mis pies siguieron hundiéndose en el barro fangoso de mi propio pozo.

Mi mente debilitada y cansada de no querer pensar explotó, mi corazón se rompió en mil pedazos dispuesto a llorar un mar de lágrimas de esas que no se ven pero que contaminan el alma.

Y la angustia se convirtió en un devenir de relámpagos, en una tempestad de lágrimas congeladas y vientos huracanados.

Y comenzó a nevar tan fuerte que no pude evitar temblar de miedo, la escarcha se fue aferrando a mi ropa y a mi piel, el frío fue entumeciendo mis articulaciones hasta calarse en mis huesos, mi sangre se paralizó y mi alma encharcada de tristes soledades suspiró y suspiró sin aliviarse…

Y siguió nevando fuerte mientras yo luchaba por no ahogarme del todo, en el interior de ese pozo negro. El pozo de mis sombras.

Siguió nevando fuerte…

Y en el momento más crucial e inesperado, salió el sol.

Un montón de rayos de luz provocados por la más amplia y bella de las sonrisas.

Un abrazo de los brazos del amor…y toda la escarcha congelada desapareció.

–– ¡Quiero sonreír! - grité de nuevo para mí misma.

Y al verme reflejada en sus ojos sonreí mientras algunas lágrimas por fin consiguieron arrojarse suicidas desde mis pupilas.

La angustia mermó.

Los miedos quedaron silenciados esperando su próxima visita.

Y yo…

Yo sentada en una esquina, apoyada contra la pared, mirando por la ventana y divisando de reojo el pozo negro de las sombras titilantes y acechadoras. Sabiendo que en cualquier momento, volveré a caer, volveré a sumergirme y a necesitar ser rescatada por la única persona que siempre consigue levantarme.

Volverá a nevar…

Y quizá de nuevo mi otoño me muestre la luz y con ella el camino de salida, y el regreso a casa.


martes, 1 de noviembre de 2011

DIA DE DIFUNTOS

Creo en el encanto de los momentos que consiguen perdurar en el tiempo, creo en los sueños que se hacen realidad cuando uno lucha por ellos y en aquellos que mantienen la mente despierta y el corazón en vilo.

Creo en las sonrisas radiantes que nacen desde lo más profundo del alma, en las miradas que traspasan y en los abrazos que queman la piel.

Creo en los besos que se dan sin sentirse obligado.

Creo en las gotas de lluvia que revitalizan la sangre después de las tormentas y en los rayos de sol que se ocultan detrás de las nubes negras mostrando una pincelada de esperanza.

Creo en las noches oscuras donde prevalece la luz resplandeciente de las estrellas y el halo blanco de la luna en todas sus formas.

Creo en la magia de la palabra impregnada de poesía que permanece entre los ecos del viento susurrando entre los árboles sin llegar a desaparecer.

Creo en el significado de una rosa roja imaginaria posada sobre una lápida real en los días de lágrimas amargas.

Creo en el poder de una vela encendida a tiempo como símbolo de las cenizas de lo que un día no muy lejano fue un cuerpo, un corazón, una mente, un alma, unos pensamientos, unos gestos, unos momentos, un padre.

Me basta una vela encendida, con su candor, su luz y su magia, para sentir a mis ángeles a mi lado. Porque creo en el poder de la memoria.

Me basta un montón de recuerdos de instantes y palabras con los que fabricar sonrisas cuando éstas se me apagan.

Me bastan un montón de fotografías desgastadas y palabras escritas para no olvidarme de quién soy y de dónde vengo.

No importa si no acudo al cementerio, solo son cenizas y huesos yermos lo que hay detrás del mármol negro. Para mí, en el rincón más oscuro de mi corazón, todos los días son días de luto, todas las campanas tocan a muerto, a mis muertos.

Y cuando todas las cosas no bastan, aún tengo a mi sangre latiendo enfurecida, sobreviviendo, recordándome que sigo viva, y que mientras yo esté en pie, ellos seguirán escondidos perdurando entre los rincones del tiempo.

Y cuando todas las cosas no bastan, aún tengo una rosa roja tatuada en mi pecho posada sobre unas cenizas ocultas dentro de mi corazón, para todos los días de difuntos que me quedan por vivir, para todos los instantes en los que recordar no basta para sonreír, para todos los días de lágrimas amargas y espesa niebla negra revoloteando entre los resquicios del alma, para poder conseguir las fuerzas necesarias para caminar y sonreír, para soñar y luchar, para escribir.

Me basta mi memoria, mi sangre, mi corazón, mi alma, mis recuerdos, mis sentimientos.

Me basta la luz de una vela encendida que nunca se apaga.

Me bastan las dos almas de mis ángeles dentro de mi alma.

Me basta el amor inmortal que no desaparecerá nunca porque siempre permanecerá dentro de mis venas, cantando alegre, adormecido, como quiera.

Creo en los sentimientos que nacen desde el corazón.

Me basta sentirme bien conmigo misma, quererme y saberme guerrera para enfrentarme al mundo, a la vida y a todo lo que me rodea. No hago daño a nadie. Soy sincera.

Soy lo que no esperan de mí, soy quien quiero ser…

Me basta mi memoria, mi sangre, mi corazón, mi alma, mis recuerdos, mis sentimientos, mi esencia.

Me basta la luz de una vela encendida que nunca se apaga.

Me bastan las dos almas de mis ángeles dentro de mi alma.

Me basta el amor inmortal que no desaparecerá nunca porque siempre permanecerá dentro de mis venas, cantando alegre, adormecido, como quiera.

jueves, 27 de octubre de 2011

MI PRINCIPE VALIENTE

Yo tengo a un príncipe valiente sólo para mí. Mi príncipe.

Es fuerte y apuesto pero su rostro es aniñado y dulce, tiene buen corazón. Y aunque su sangre a veces se agite de forma desorbitada su alma es pura, siempre será pura y eso nadie lo podrá cambiar. 

Con él los miedos se vuelven más pequeños, a veces incluso desaparecen. El dolor se hace menos dolor si me veo reflejada en sus ojos, me brinda serenidad, paz interior, me brinda amor, junto a él amo, me siento amada y me amo a mí misma…

Si tiemblo me aprieta mi mano fuertemente con su mano y dejo de temblar, si lloro las yemas de sus dedos secan mis lágrimas una a una, sus caricias cicatrizan las heridas sangrantes y sus sonrisas hacen que yo también sonría…

Cuando me levanto por la mañana y lo veo tranquilo, dormido a mi lado...me doy cuenta de lo afortunada que soy al tenerle, de cómo me ha cambiado la vida desde que le tengo conmigo, porque soy consciente de que si no le tendría a él mi vida sería mucho peor…

Ahora, en estos momentos en los que levantarse cuesta, en los que las piedras del camino son grandes y tortuosas al igual que mis penas, ahora que cada noche vuelven a acecharme las sombras y las inseguridades, tenerlo a mi lado me ayuda a tener ganas de seguir en pie.

Ahora en estos momentos en los que las preguntas sin respuesta regresan como antaño con sus tormentas, tenerlo a mi lado me ayuda a esquivar esos pensamientos y poder seguir sin derrumbarme.

Gracias a mi príncipe valiente, vivo, sonrío, sueño y lucho para que mis sueños se hagan realidad, imagino un futuro, los lugares que juntos plasmaremos en fotografías a color o en blanco y negro, imagino, no dejo de imaginar, creo en mí y no dejo de crear.

Siento, luego escribo.

Y se van sumando los días al calendario de nuestra vida juntos y eso me llena de felicidad.

Y ahora más que nunca soy consciente de que mi vida sería una ruina sin él.

Mi príncipe.

Siento, amo, luego escribo.

*Para el único dueño de mi corazón. Escrito a finales de Junio de 2011.

Cuando estoy sola, recordar nuestro amor, las palabras escritas y las que me quedan por escribirte es lo unico que me ayuda a seguir caminando hacia adelante. Los miedos solo se van cuando una llave gira en la cerradura y la puerta se abre para después cerrarse.

miércoles, 26 de octubre de 2011

HADA CON ZAPATOS DE CRISTAL...

Existe una mujer con alma de niña que se llama Maite. Mai para sus amigos.

La encanta cazar palabras. Y esas palabras se convierten en poesía para las pupilas que necesitan leer  que los sueños a veces se hacen realidad y que las malas rachas se acaban esfumando con el tiempo. 

Siempre intenta comprender, no juzga, aconseja y hace todo lo posible para que las personas que tienen contacto con ella sean capaces de ver el lado feliz de la vida. Cree en la esperanza y la regala en sus párrafos.

Basta pronunciar las tres letras de su nombre y ella acude, se disfraza de hada madrina para ayudar a aquellos que la necesitan.

Varita con forma de estrella en mano, engalanada con un vestido vaporoso de tul, calcetines de colores y zapatitos de cristal, revolotea entre el eco del viento. Saca fuerzas de sus venas aunque no las tenga para hacer sonreír a las personas que se cruzan en su vida. Con letras inventadas por ella, con libros creados por otros, con videos que arrancan sonrisas y funden el dolor, con felicitaciones de cumpleaños, cartas y emails…

Mai sabe cómo llegar al corazón de las almas dañadas y golpeadas por las piedras del camino.

Mai, esa hada madrina que aparece al pronunciar las tres letras de su nombre, basta con mirar al cielo en busca de estrellas resplandecientes.

Mai, la chica de las zapatillas azules, la niña de los calcetines de colores, la mujer de los zapatos de cristal.
Zapatos de cristal de tonalidades diferentes, de estilos diferentes.

Con la suela plana para caminar cada día y embestir las piedras del camino, con un poco de tacón para volar y rozar las estrellas, y con un tacón alto para disfrutar de las noches de fiesta y amor.

Unos se los regaló su familia, otros su chico y otros todos aquellos que la tienen como un alma amiga.

Unos son blancos y brillan igual que el arcoíris, igual que sus calcetines de colores y sus sonrisas, y en su textura están  grabados -aunque no se vean-, un montón de instantes plasmados en antiguas fotografías.

Otros contienen pequeños diamantes luminiscentes que fulguran sin cesar, pequeñas piedras preciosas que solo regala el amor. El amor de su pareja.

Y otros están revestidos de tela transparente, de tela tan cristalina como la Lluvia, como la Nieve fundida, y su fina seda está garabateada con una caligrafía muy pequeña que contiene algunos versos en prosa inventados por un alma amiga con el único objetivo de dar las gracias y arrancar sonrisas.

Mai, cazadora de palabras y esperanzas, chica de zapatillas azules que camina por la vida sin dejarse vencer, hada madrina de sueños, mujer de zapatos de cristal y calcetines de colores. Alma pura.

A veces no es consciente del bien que hace a otras personas con sus palabras, a veces cuando se la esconden las letras no sabe que su tiempo también llegará, que sus sueños también se cumplirán…

Y el día menos pensado divisará en un libro grandes letras creadas con sus manos, acompañadas de instantáneas capturadas con su propia cámara…

Y ese día las estrellas brillarán con más fuerza que nunca, aunque la oscuridad oscura domine la noche… y desde un pequeño piso en una ciudad del norte, su amiga Beka sonreirá orgullosa y feliz por ver los sueños de su amiga cumplidos.

Y después de esos sueños, seguirá soñando y creando muchos más, nunca se rendirá, porque tendrá a su familia, al hombre de su vida, a sus amigos. Y cuando mire a las estrellas de su alma, sabrá que una de ellas que a momentos se sintió apagada volvió a conseguir su luz gracias a sus palabras.

Existe una mujer con alma de niña que se llama Maite. Mai para sus amigos.

La encanta cazar palabras. Y esas palabras se convierten en poesía para las pupilas que necesitan leer  que los sueños a veces se hacen realidad y que las malas rachas se acaban esfumando con el tiempo.


*Para una amiga en la distancia y en la cercanía. 

sábado, 22 de octubre de 2011

OCTUBRE GÉLIDO

Este está siendo el Octubre más gélido conocido por mi alma, el otoño más perecedero. Dónde solo los momentos vividos a fuego con el corazón logran permanecer al paso del tiempo.

Los detalles guardados a tinta entre páginas, las miradas cómplices, el poder del amor, las sonrisas, los abrazos, los besos dados con ganas, el marca-páginas que estará por llegar, el paquete de cartón que recoge un sueño cumplido, las cartas y los libros regalados, las llamadas telefónicas que alivian el corazón y las palabras de un alma amiga que siempre te hace sonreír e incluso a veces llorar de alegría…

Este está siendo el Octubre más gélido, sin embargo sería una insensata si no me diera cuenta de todo lo que está sucediendo a mi alrededor, de todo lo que la vida me está regalando. Sería poco inteligente si no abriría bien mis ojos para divisar todos esos ángeles que vuelan cerca de mí -a mi lado o en la distancia-, brindándome una pluma de sus alas con la que secar mis lágrimas, brindándome sus consejos, sus sonrisas, sus palabras…

Este está siendo el Octubre más difícil.

Y sé que hoy, cuando me toque soplar las velas imaginarias, sonreiré y al mismo tiempo lloraré…Sonreiré por todo lo bueno que me está pasando. Lloraré por no teneros a ti y a la abuela a mi lado, por no poder haceros partícipes de todo.

Y sé que hoy, cuando la tarde vaya cediendo su trono a la noche y el sol entregue su lugar a la luna, con frío en el corazón y con sonrisas tristes en la comisura de mis labios, miraré al cielo. Y entre toda su absoluta oscuridad, intentaré encontrar alguna estrella. 

Tan solo una, con una muy pequeña me conformo. A ella le entregaré mis sueños para que tenga algo por lo que brillar, para que no se apague y siga titilando, la alimentaré de ilusiones, de anhelos, de palabras no pronunciadas, de fragmentos de papel emborronado…

 Y quizá algún día, dentro de muchos años, la busque de nuevo, con los ojos bien abiertos. 

Cuando el dolor haya menguado y el corazón camine más animado, cuando las heridas sangren un poco menos y no se me quiebre la voz al recordar, quizá entonces, pueda recoger toda esa luz resplandeciente que me espera, que mi estrella me regalará.

Porque ese astro me regalará su halo luminiscente para que yo pueda brillar feliz al ver otro sueño cumplido. Mientras tanto ella seguirá relumbrando y yo seguiré esperando.

Creciendo, avanzando, viviendo, amando, escribiendo, recordando…

Y cuando llegue ese día, aunque me regale su magia, seguirá infinita e inmortal, luciendo, porque mis sonrisas resplandecientes la iluminarán. Mi pequeña estrella será el espejo de mi rostro, de mi mirada, de mis labios.

Y quizá entonces, los Octubres dejen de ser tan gélidos y comiencen a ser un poco más cálidos…y quizá entonces el Otoño no hiera tanto…y la lluvia se deslice por la ventana sin un resquicio de tristeza…

Quizá…


* Aunque está siendo un Octubre gélido, no olvido a todos aquellos que formáis parte de mis días, a los que estáis cerca, a los que ya no están, y a los que estáis lejos y sin embargo os siento conmigo.
Mis ángeles...

domingo, 16 de octubre de 2011

COLOCANDO MUEBLES

Sale el sol.
La lluvia regresa.
Sale el sol.
Las tormentas se acercan, estallan y se alejan.
Sale el sol.
Llegan las nubes negras…

Llevo años cambiando los muebles de sitio.

Cuando creo que he encontrado el lugar adecuado para cada uno de ellos, dentro de mí surge de nuevo la necesidad de cambiarlos.

No es una necesidad caprichosa, es una necesidad vital.

Algo me dice que no están bien cómo están, que han de ser reorganizados.

Cada día cambio un mueble nuevo, hasta que llega el momento en el que no sé qué diablos hacer con él, y lo dejo abandonado.

Otras veces sin embargo logro encontrarle el sitio adecuado y sonrío satisfecha.

Sonrío, sonrío, sonrío…hasta que todo se desmorona y dentro de mi sangre unas pequeñas gotitas me dicen que he de volver a cambiarlo.

Esta sensación me hace sentirme confundida, descolocada, pensativa. Hastiada y sin fuerzas. Débil, como una estrella apagada.

Sé que desprendo luz, pero a veces no logro sentir su resplandor brillando con fuerza y todo se queda a oscuras. Y a tientas busco dónde me encuentro, pero de tantas veces que lo he cambiado todo no logro encontrar mi posición.

Ya empiezo a acostumbrarme a no encontrar. Pero no sé si es bueno acostumbrarse.

Y cuando recobro las fuerzas, vuelvo a colocar los muebles.

Así una y otra vez. Continuamente.

Me paso el día entero colocando y descolocando muebles.

Mientras tanto el reloj de la pared no cesa en su empeño de seguir canturreando: “tic-tac”, “tic-tac”.

Regresa la lluvia. Se aleja.
Sale el sol.
Llegan los relámpagos. El viento se los lleva.
Sale el sol.
El agua se desprende de las nubes negras.



sábado, 8 de octubre de 2011

DESHOJANDO MIS OCTUBRES

La lluvia ha comenzado a precipitarse desde las nubes de forma ligera y sin prisa. A medida que van avanzando los minutos, sus gotas finas se van haciendo más gruesas y el viento las dirige hacia dónde él quiere.

Me encanta mirar como esas gotitas diminutas se deslizan y resbalan por la cristalera del porche. Entretanto yo estoy aquí, sentada en este sofá de mimbre entre cojines de seda, acolchados y suaves.

Me encanta sentir como la naturaleza sigue su camino. Me siento parte de ella mientras mi cabeza se pierde en pensamientos, mientras mi corazón late acelerado y mi alma respira para conseguir nuevas energías.

La lluvia sigue precipitándose y yo estoy aquí, acurrucada, con una pequeña hoja seca entre mis manos, girando su tallo una y otra vez, observándola con detenimiento, acariciando su textura arrugada, susurrándola, cantándola, besándola, acercándola a mi pecho en ese lado del corazón donde yace una rosa roja.

–– Soy como esta pequeña hoja - susurran mis labios en voz alta.
Y es que es cierto, unas veces soy fuerte y otras me marchito y soy débil, unas veces me siento inmortal y bailo entre los silbidos del viento aferrada a las ramas de mi árbol sin que su fuerza pueda arrasarme, y otras sin embargo, mis energías se desvanecen y no me sublevo, me dejó llevar sin más y caigo derrotada sobre el suelo.

Lo importante es que tanto en lo alto del árbol como en las grises aceras, sigo siendo yo. Y renaceré, sé que siempre renaceré, porque me sobra raza. 

Y cuando peor esté, alguien me susurrará al oído delicadas sílabas, me hará recordar los buenos momentos. Alguien me besará, me cantará canciones de amor, me sostendrá entre sus manos, me regalará su calor, me observará fijamente y me cuidará…

–– De hecho ya existe ese alguien - canturrea mi corazón en el mismo momento en el que una sonrisa se escapa de mis labios.

Y seré una hoja afortunada. Muy afortunada.

–– De hecho ya lo soy. Ya me siento así. Afortunada. Muy afortunada -grito para que todos me escuchen y mi eco dance entre las montañas.

Y mientras la lluvia sigue su balanceo, permanezco inmóvil entre sonrisas.

Deshojando este mes de octubre que recién marca el calendario, el mes de los cumpleaños, el mes de los otoños que se esconden dentro de mí y me hacen ser quién soy.

Deshojando mis sueños convirtiéndolos en palabras. Deshojando mis sentimientos, dotándolos de suspiros acompasados, de latidos de sangre ferviente, de alegrías y tristezas, de lágrimas y sonrisas…

Y escribo en un papel arrugado que me siento viva. Que a pesar de todo mantengo la esperanza de que hay cosas bonitas inimaginables que están por llegar a mí, que hay sueños que se van cumpliendo, otros que van surgiendo y que añado a lista de deseos.

Me siento viva, sé lo que tengo, sé lo que compone mis octubres, mis otoños, y por ello puedo deshojarlos, segundo a segundo, como me plazca.

Yo que una vez creí no tener nada. Suspiro, sonrío y tiemblo. 

Tiemblo, pero no de frío, sino de felicidad.

Ahora la luz penetra entre la oscuridad de mi alma. Ahora la lluvia se desliza pero no empapa. Ahora las lágrimas se derraman pero no dejan surcos a su paso. Ahora mi alma no se siente prisionera ni ahogada. 

Ahora la naturaleza sigue su curso y yo sigo sintiendo en libertad.

Fuerte.       
                             
Inmortal.

Deshojando los octubres de los que soy dueña.

Deshojando mi esencia en palabras brillantes como luceros.

Mi estrella brilla encendida sin miedo esperando que llegue la noche para resplandecer.

Yo mientras tanto, veo la lluvia caer y deshojo mis octubres en papel.


viernes, 7 de octubre de 2011

SUEÑOS EXHUMADOS

Puede suceder, que sin ninguna razón, te encuentras de rodillas hundiendo tus manos en la arena mojada, en busca de tu tesoro personal, en busca de esas pasiones que disfrazan tus sueños…
 
No sabes dónde están, no sabes si aún quedará algún vestigio de lo que un día significaron, de lo que un día fueron, no sabes si volverán a resurgir de entre sus propias cenizas, no sabes si volverán a brillar tras el brillo de tu mirada con fuerza o se quedarán estancados entre las gotas de tu sangre, escondidos en la esquina más profunda de tu corazón, gimiendo en silencio…

Puede suceder, que sin ninguna razón, te encuentras de rodillas removiendo esa mezcla formada por los granos de arena, el agua, la espuma y el indestructible transcurso del tiempo en las manecillas del reloj…

Puede suceder, que la marea vuelve a subir, el fuerte oleaje regresa y el agua salada acaricia tus manos agrietadas, suavizándolas, y en el momento más inesperado, con el oleaje regresan tus sueños y del agua resurgen miles de moléculas de arena húmeda, y entre los silbidos del viento se van amontonando unos sobre otros hasta formar cada puerta, cada ventana, cada muralla, cada torre de tu fortaleza…

Puede suceder, que entonces tus sueños se vuelven a esconder dentro de tu pequeño castillo de arena y vuelves a sonreír…y tus fuerzas aumentan, crecen, se hacen inquebrantables, y el agua se balancea bailando sobre la arena pero tu castillo sigue intacto…

Intacto como el brillo que parpadea volviendo incandescentes tus pupilas, intacto como la libertad que inquieta se aferra a cada gota de sangre que navega por tus venas…

Fuerzas inmortales, libertad intacta, ¿latidos? Los latidos que marcan el compás de tu corazón son continuados, cantan apresurados, sin pausa y una sonrisa invade tus labios, porque te sientes bien…

Me siento bien…

Tus sueños fueron lapidados y exhumados, y ahora ya puedes volver a sentir, para seguir acumulando sueños, ahora ya puedes luchar para intentar hacerlos realidad, porque te sobran las fuerzas, ahora ya puedes cerrar los ojos y sonreír…

Mis sueños fueron lapidados y exhumados…enterrados y resucitados…

Shhh, el viento regresa, trayendo sus susurros silenciosos, shhhhssshhhh…

Cierro los ojos y sonrío…

Cierro los ojos y siento, lucho, grito, susurro, escribo…

Mi corazón inquieto, soñando nuevos sueños que soñar y mis manos…mis manos ya no tiemblan de miedo, solo arden en ansias locas de escribir y seguir escribiendo…


Abro los ojos y sonrío…


Hoy…                                                       SI!!



                       Mañana…                                                                    ¡quizá!




+ Escrito en Diciembre del 2010.

jueves, 6 de octubre de 2011

SUEÑOS LAPIDADOS

Puede suceder, cuando menos lo pensamos, que un oleaje de lluvia ardiente se aproxime a nosotros quemándonos la piel, puede suceder que destruya con su delicado vaivén cada diminuto granito de color beige que da vida a cada uno de esos castillos que emergen de la nada y pretenden tocar con sus cúspides el cielo, esos nuestros castillos de arena húmeda dónde se esconden nuestros más sinceros sueños e ilusiones, puede suceder que su fuerza imparable arrase nuestro pequeño refugio, convirtiéndolo en ruinas.

Puede suceder, que nuestros sueños se evaporen entre las partículas de agua salada, arena y espuma, puede que no quede ni rastro de ellos cuando el agua regrese a la orilla, puede que se pierdan para siempre…

Y es doloroso, cuando parados frente al mar vemos como las olas se van llevando todos los fragmentos de esos sueños, grano a grano, hasta no dejar ni siquiera unos cimientos desde los que poder empezar de nuevo, con tesón, paciencia, y esperanza…

Es doloroso, cuando nos faltan las fuerzas incluso para poner nuestros cansados pies delante de nuestra fortaleza, impidiendo así que el agua se lleve consigo lo único que nos hace mantenernos vivos, lo único que nos hace acostarnos con una sonrisa roncando entre la sangre de nuestras venas, lo único que nos ayuda a levantarnos con un fulgor llameante en nuestra mirada…

Es doloroso, cuando eres incapaz de caminar, y simplemente puedes ver como la marea sube, y sube, hasta sepultar tus sueños, y la marea sube mojando tus pies, congelándolos al paso del agua fría del cantábrico, y la marea sube y tus sueños…tus sueños permanecen lapidados.

Y cuando el agua regresa al mar, y cuando la marea vuelve a bajar y se aleja de tu vida, lo único que puedes hacer es atrapar con tus desgastadas manos, un montón de arena mojada que forma remolinos de sueños e ilusiones, que un día existieron y ahora permanecen en ruinas…

Es doloroso, cruel, insoportable, ver como tus sueños se evaporan por cualquier circunstancia; es doloroso, cruel e insoportable, sentir tu corazón paralizado y tus manos temblorosas de miedo…

Y las olas del mar, sepultarán tus pequeños granitos de arena, y las olas del mar bailarán entre los susurros del viento, shhhhh…


*Escrito en Diciembre de 2010.